Categoría: Etnografia

Él era uno de los nuestros (un obituario a Mike Agar)

Él era uno de los nuestros (un obituario a Mike Agar)

Él era uno de los nuestros (un obituario a Mike Agar)

Michael Agar fue probablemente uno de los antropólogos más importantes de todos los tiempos, a la altura de Gregory Bateson (quien era un referente para él) o de Bronislaw Malinowski. Fue un investigador que dominaba con maestría tanto la metodología como los diferentes marcos teóricos y por supuesto fue un excelente trabajador de campo.

En los tempranos y locos ‘60, realizó su primer viaje antropológico al sur de la India. Luego vino Vietnam y el conflicto bélico le cambió el escenario clásico de una aldea en un remoto país, por el contexto de un hospital de veteranos. La clásica etnografía dio paso una nueva forma de acceder a ese tipo de conocimiento, una adaptación de la metodología a un nuevo espacio.

Su búsqueda lo llevó por caminos insondables. Como no podía ser de otro modo en un antropólogo de ley, la diversidad de temas y problemas fue su marca distintiva. Desde la metodología etnográfica hasta los sistemas complejos adaptativos y su movimiento caótico. Desde los análisis lingüísticos hasta los modelos basados en agentes. Desde una epidemia de droga dura, hasta los giros idiomáticos en la lengua hablada en Austria. Desde las cuestiones organizacionales de instituciones privadas o públicas hasta la problemática de los veteranos de guerra. Sus trabajos en antropología de la salud son una referencia obligada en toda la bibliografía sobre el tema.

En los últimos tiempos estaba trabajando con la problemática del agua en Nuevo México, sobre las políticas y las formas de organización de la comunidad alrededor de ese tema tan central (no sólo en un área desértica). Pero también hundía sus narices en el área de la Inteligencia Artificial aplicada a la comunicación humana y en un modelo basado en agentes de la práctica clínica médica.

Y por si esto fuera poco (como dicen los vendedores ambulantes) además de una obra prolífica en ciencia, están sus trabajos literarios en el área de la ficción. Su maestría para la escritura se manifiesta en el placer que significa leerlo, en todas sus expresiones, hasta cuando mandaba mails.

Es imposible describir cuánto lo vamos a extrañar. Su inmensa sabiduría iba de la mano de una humildad muy poco vista en el mundo académico. Prestaba la misma atención al más joven de los estudiantes, que al doctor mas doctorado de la universidad. Siempre dispuesto a dejarse seducir por las ideas, no se dejaba impresionar por honores superficiales. Y tenía una notable agudeza, pero que se expresaba en formas por demás amables. Recuerdo que cuando le comenté que antes de antropocaos nos llamábamos “Bateson’s followers”, me dijo: uh, me gusta ese nombre, yo también soy un seguidor de Bateson.

Es injusto resumir una trayectoria tan rica, tan llena de conceptos claros pero también de matices interesantes, en tan poco espacio. Y es una quimera pretender resumir lo que sentimos por él. La forma en que se acopló a un grupo de investigadores heterodoxos del fin del mundo, sin ningún poder real, sin que le representara ningún tipo de rédito, sólo por el placer de seguir estando juntos. Se enganchó simplemente por afinidad académica (al fin y al cabo somos raros como era Mike) y por empatía amistosa. Y si antes de conocerlo era un referente para todos nosotros, una vez que lo conocimos, sentimos que él era, desde siempre, uno de los nuestros.

Creo que la mejor forma de honrar su memoria es imitándolo y para ello es necesario leerlo. Su obra es sumamente vasta, reflejo de su pasión por la variabilidad traducida en multitud de intereses. Insisto, tenemos que imitar (dicho esto con toda la fuerza de la cultura) esa predisposición a la diversidad, proponiendo una apertura mental que deje afuera todos los prejuicios, tanto de orden práctico, como también en los órdenes metodológicos y teóricos. Ay Mike, ¡cómo te vamos a extrañar!. Acá debajo de la Cruz del Sur, tenés para siempre tu espacio en antropocaos.