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Los modelos folk y la pandemia

Los modelos folk y la pandemia

La antropología cognitiva nunca fue la corriente principal de la antropología sociocultural, aunque hay que admitir que sus desarrollos siempre fueron muy interesantes. No es la intención de este texto breve repasar los desarrollos, logros y retrocesos de esta corriente teórica, sino simplemente usar, en forma de ensayo, la noción de modelos folk y aplicarlos al caso de la pandemia. .

Los modelos folk refieren a los modelos que las personas poseen y que les permite tener explicaciones de los más diversos fenómenos. Estos modelos no se corresponden, necesariamente con las explicaciones científicas o técnicas, pero son fundamentales para poder actuar y desenvolverse en el mundo. Los modelos folk se encuentran atravesados por las cuestiones ideológicas, sentimentales, culturales, etc. pero poseen una fuerte potencia heurística ya que se utilizan en todos los dominios del conocimiento. Los modelos folk no son generales sino particulares y allí radica su potencia.

Un clásico estudio de los modelos folk es el que se refiere a las explicaciones que la gente brinda acerca de los sistemas de calefacción de los hogares. Kempton, en la década del 80, realiza una serie de entrevistas con el objetivo de indagar en los modelos mentales que los usuarios tienen acerca de los sistemas de calefacción. El autor descubre que hay 2 modelos, uno que denomina “retroalimentación” y otro que se llama “válvula”. El 1ro es más cercano a la explicación técnica sobre el funcionamiento del termostato; el 2do propone un modelo parecido al del acelerador del auto.

Estos modelos permiten actuar en el mundo y como se sabe, para actuar correctamente no es necesario conocer el procedimiento con exactitud. Se puede manejar un auto sin saber de mecánica, pero aunque no se sepa de mecánica, nuestro cerebro arma un modelo folk de la forma en que funciona el auto. No podemos estar sin figurarnos cómo funcionan las cosas (aún sabiendo que esa explicación que nos damos no sea la correcta).

En el terreno de la salud los modelos folks no sólo son utilizados por los pacientes, sino incluso por los propios profesionales. Los modelos folks pueden venir del boca a boca, pasar de generación en generación y hoy en día rescatados de Internet. Cada individuo le suele agregar su cuota personal, ya que estos modelos son tan necesarios para explicarnos el mundo como para poder integrarnos en una forma activa en él. Un clásico modelo folk vinculado a la salud es el que afirma que “luego de pasar frío, te resfriás”; se sabe que el rhinovirus se contagia por superficies o aerosol (la misma forma que el SAR-CoV-2) y que la manera de evitarlo es lavándose las manos, sanitizando las superficies, ventilando los ambientes y evitando el contacto estrecho.

En tiempos de esta pandemia de COVID19 estamos asistiendo a una situación en la que un sector de la población pareciera no tomar conciencia de la gravedad de la enfermedad. Claro que en los comportamientos humanos se debaten (y en última instancia allí radica el error de practicar un reduccionismo como explicación final) cuestiones tales como la necesidad, la ideología, la indignación y un muy largo etcétera. Pero para poder lidiar con toda esa inmensa cantidad de determinaciones, es necesario usar módelos, es decir reducir a conciencia esa enorme variabilidad y trabajar con algunos aspectos para obtener un poco más de profundidad, al tiempo que se sacrifica alcance.

Lo que vamos a proponer acá es simplemente una forma de abordar el problema, sin pretender que sea una explicación completa, sino tomando una pequeña parte. No tenemos confirmación empírica rigurosa de lo que planteamos, simplemente lo estamos presentando como una semilla de un programa de investigación a seguir en el futuro. Es un simple ejercicio que, tal vez, pueda tener alguna potencia heurística, es decir que nos ayude a pensar.

Tomando como base la idea de los modelos folks de los que hablaba la antropología cognitiva, proponemos que en esta pandemia hay, al menos, un modelo de pensamiento que parece tener cierta preponderancia. Quedará verificar lo dicho y a partir del trabajo empírico, percibir si no es que existen otros modelos dando vueltas, con formas híbridas o realmente novedosas.

En este sentido identificamos 4 atributos del modelo folk que, sospechamos, mucha gente sigue. Insistimos en que este texto es una especulación, pero que puede ser fructífera si dispara nuevas formas de pensar o incluso nuevos trabajos empíricos y si se lo interpreta en un contexto adecuado (económico, cultural, político, etc.).

La 1ra característica que percibimos es que se asume que el virus es algo que está en el aire, no algo que se contagia de persona a persona. La idea de que el contacto con el virus no surge de tu encuentro con otra persona, sino de tu encuentro con el virus mismo (algo así como sucede con la bacteria del tétanos, o como puede suceder con alguna intoxicación con un gas).

La 2da característica es que al virus se le dan cualidades humanas. Si bien esto suele ser un recurso metafórico, no queda claro si se asume la ficción de la metáfora o se la confunde con la realidad (sobre todo cuando el que la usa no es un experto en la materia). El virus “acecha” o tiene “estrategias” o cómo llegó a decir Donald Trump el virus es “inteligente”. Esta característica es concomitante con la anterior.

La 3ra característica es que se asume que los síntomas del COVID19 son leves. La famosa “gripezinha” de Bolsonaro. Los datos muestran por un lado que el SARCoV2 no necesariamente es un virus que afecta las vías respiratorias, sino que puede ser multiorgánico y por otro lado que no se conocen las secuelas que puedan traer. Y hay muchos relatos de pacientes que realmente la pasan mal. Asumir que sus síntomas son leves, es actuar prácticamente como si no existiera la dolencia.

La 4ta característica del modelo folk es que se confunde al contagiado con el que padece los síntomas. Dicho de otra forma, si no hay síntomas no hay enfermedad. Al asumir esta propiedad se actúa como si sólo hubiera que preocuparse una vez se perciben los síntomas y se hubiera ya realizado el test correspondiente. O que sólo hay que cuidarse de la gente que está cursando la enfermedad en forma manifiesta, como si fueran los únicos que pueden contagiar.

Es evidente que si se sigue este modelo (asumiendo que pudiera ser plausible), el distanciamiento social o el uso del barbijo, por mencionar algunas medidas de prevención, podrían no ser bien ponderados en su relevancia. Es decir, para que se siga expandiendo la pandemia no hace falta que la gente no crea en el virus o en las vacunas (un grupo por suerte aún minoritario), sino que aún no dudando de su existencia, pero usando un modelo con bases equivocadas, la respuesta puede ser catastrófica. Tal vez haya que trabajar, desde la difusión y la propaganda en propuestas que permitan poner en duda estos conceptos y que ayuden en la construcción de un modelo folk más acorde a los principios epidemiológicos.